Blog

  • Home
WhatsApp Image 2025-05-29 at 14.44.57

La abultada derrota del Betis ante el Chelsea por 4-1 en la final de la Conference League contrastó con la ilusión depositada por la plantilla, el cuerpo técnico y la inmensa cantidad de aficionados desplazados a Breslavia.

En la primera parte, una defensa firme y la alta presión de Bakambu ante la salida de balón del Chelsea dificultaron la posesión de los hombres de Enzo Maresca. Esa era la clave: arrebatarle el esférico a los londinenses. El gol tempranero de Abde subió la moral del equipo e incluso dio rienda suelta a que Bartra lo intentase desde lejos hacia la portería de Jörgensen. El Betis estaba haciendo un gran primer tiempo y empezaba a creérselo. Los pases de tiralíneas de Isco doblegaban a un Palmer que lo intentaba, aunque con dificultades para encontrar a Jackson. Sin embargo, el Betis perdonó, pues también Cardoso dispuso de una ocasión para haberse ido al descanso con otro gol en el marcador, y lo terminó pagando. Vaya si lo terminó pagando.

Cabe destacar en el once inicial blue la presencia de Malo Gusto en lugar de Reece James en el lateral derecho y la ausencia de Colwill en el eje de una defensa con prácticamente tres zagueros. No hubo sorpresas en el esquema del Betis, sin Vieites en la portería pero sí con Sabaly finalmente en el flanco defensivo derecho.

A la vuelta del túnel de vestuarios, el cambio de Ricardo Rodríguez, que había hecho una buena primera parte, por Perraud no se notó tanto como el que tuvo lugar en la misma banda, pero unos metros arriba. Ese fue el punto de inflexión de la final: la sustitución por lesión de Abde (para mí el mejor del Betis) por Jesús Rodríguez, que le restó profundidad al juego verdiblanco; pese la enorme proyección de futuro y el talento indiscutible del canterano, la presión en una final de semejante calibre le quedó muy grande. No fue rival para un expeditivo Reece James, ni ante un Chelsea al que, tras el empate, ya le salía todo contra un voluntarioso pero desacertado Adrián (tercer portero al inicio de la temporada), que no fue ni un obstáculo para la escuadra azul.

El Betis hizo lo que nunca debió hacer: relajarse, meterse atrás y dejarle metros por delante al Chelsea, que salió al espacio en la línea de tres cuartos y abrió el campo también con los extremos. El empate llegó en el peor momento y desmanteló a un Betis ya sin el control del balón que tampoco encontraba a Isco. En el planteamiento táctico, el alumno superó al maestro. Maresca dejó la artillería para el final. Mientras Sancho, Colwill y Dewsbury-Hall ingresaban en el terreno de juego, la ausencia de opciones en el Betis obligó a Jesús Rodríguez a llevarse a la mochila todo el peso de la banda izquierda y a que Ruibal terminase de delantero centro.

Y, por supuesto, Antony. El brasileño, anulado todo el partido por un inmenso Cucurella, no falló, porque ni lo intentó, ni se atrevió a tirar un desborde. De momento se desconoce si tenía alguna molestia, pero su papel inerme en el que muy probablemente haya sido su último partido con la camiseta de las trece barras fue, junto con la derrota, la gran decepción del beticismo.

En definitiva, todo ello provocó el efecto dominó en forma de vendaval que arrolló al Betis a base de poderío físico, calidad y la pegada de jugadores que no perdonan, como Caicedo, Neto, Madueke, Jackson, Enzo Fernández y, sobre todo, Palmer, elegido mejor jugador de la final. La poca experiencia del Betis en partidos de este calibre, la abismal diferencia económica entre ambos clubes (el Chelsea cuenta con la plantilla más cara de la historia y su presupuesto rivaliza con colosos como Real Madrid y FC Barcelona) el extenso fondo de armario blue y algunas decisiones técnicas poco acertadas como la tardía entrada de Lo Celso se plasmaron en el marcador final.

El diagnóstico no deja dudas. La derrota ha escocido, pero toca reflexionar y aprender de los errores. La línea ascendente del Betis en una temporada en la que fue de menos a más ha sentado las bases de un proyecto deportivo ilusionante, cuyo ritmo y progresión no deberían languidecer para la próxima temporada, en la que el fichaje de un portero de garantías, un lateral izquierdo, un centrocampista ante la probable salida de Cardoso y un delantero centro deberían constar como prioridad en la dirección deportiva de Heliópolis.