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Jesús Navas ya es historia del sevillismo. El jugador de Los Palacios colgó las botas este domingo, tras disputar su último partido con el Sevilla FC. Lo hizo lejos de casa, en el Bernabéu, una semana después de despedirse de su afición en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán.

Rebobinar el palmarés del futbolista con más títulos en la historia del Sevilla y de la selección española resulta inabarcable. Y no sólo en lo deportivo, pues su ejemplo de sevillanía y calidad pervivirá en el recuerdo de su club, que hoy lo despide entre lágrimas, y de quienes lo tuvimos enfrente.

Porque hablar de Jesús Navas no es hablar sólo de uno de los grandes mitos en la historia del Sevilla, como Arza, Campanal, Lora, Biri Biri, Nimo, Montero, Rafa Paz, Diego Rodríguez, Suker, Jiménez, Puerta o Reyes, sino del jugador más importante que jamás se haya enfundado los colores rojiblancos. Al igual que es imposible entender al Real Madrid moderno sin la figura de Alfredo Di Stéfano, al FC Barcelona sin la de Johan Cruyff o separar al Manchester United de Bobby Charlton, si tuviéramos que sintetizar la historia de cada equipo en una página, la del Sevilla Fútbol Club la encabezaría Jesús Navas.

Y es que el Duende de Los Palacios simboliza la transición del Sevilla en los últimos veinte años. La evolución meteórica del equipo hispalense hacia su época más laureada en Europa tiene un capítulo de honor en la figura de Jesús Navas. Aquella política sevillista consistente en mezclar cantera con jugadores poco conocidos, que tantas tardes de gloria dio en Nervión, encuentra en Navas su máximo exponente, y no sólo por ser un talento formado en la casa, sino por lograrlo en dos etapas distintas. Todo un hito.

Su singularidad, en una época marcada por la fugacidad de los fichajes y el cambio de cromos cada temporada, evoca los tiempos donde los colores le ganaban por goleada a los contratos millonarios y a las cláusulas rubricadas con la firma del merchandising.

Aun así, Navas no es un one club man, ni falta que le hace. Tras firmar una trayectoria inigualable tanto a nivel de clubes como de selecciones, en 2013 jugó su partido más importante, al abandonar la disciplina sevillista y fichar por el Manchester City. Allí, a las órdenes de Manuel Pellegrini, poco tardó el palaciego en dejar su impronta en la banda del Etihad Stadium. Sin embargo, el tiempo demostraría que, aunque estuviera lejos del Sevilla, el Sevilla nunca se había ido de él. Cuatro fueron las temporadas que Navas pasó en Inglaterra, antes de volver al club de sus amores, ganar más títulos y finalizar una excelsa carrera deportiva, coronada la noche del domingo con un pasillo de honor en el Santiago Bernabéu a modo de colofón.

En su segunda etapa en el Sevilla, Navas supo adaptarse a las necesidades del guion y a las limitaciones impuestas por las lesiones que le lastraron en los últimos años. Retrasar su posición para afianzarse en el lateral derecho le permitió capitalizar su versatilidad por la banda y reinventarse como futbolista. Todas estas dificultades y cambios de rol no le privarían de la titularidad en la semifinal de la pasada Eurocopa ante Francia, anular a la estrella gala Kylian Mbappé y, al igual que en 2010 y 2012, firmar otra página dorada en el libro del fútbol español.

Amado por su afición y admirado por esos rivales, los del Betis, que ayer se deshacían en elogios ante la ya leyenda del Sevilla, con Jesús Navas se va una institución de la ciudad. Su clase, profesionalidad y compromiso quedaron patentes cuando en 2023 no lo dudó ni un instante y se puso la camiseta verde para asistir al partido de homenaje a Joaquín en el Benito Villamarín. Un gesto a la altura de sus colores y que, tal vez por ello, haga única a una ciudad ya de por sí única como Sevilla.