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«A rey muerto, rey puesto». Ese es el status quo tras el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta (o heredera al trono) de Venezuela. La caída de Nicolás Maduro no ha derrocado al chavismo. O, al menos, de momento.

Si Estados Unidos pretende tutelar una transición hacia la democracia en el país caribeño o convertirlo en un protectorado para extraer petróleo, puede encontrarse con varias eventualidades que igual Trump ha pasado por alto.

1. Venezuela no es Panamá. Ni en extensión (unas doce veces más grande), ni en población. Deponer a Noriega en 1989 fue relativamente sencillo, pues Estados Unidos controlaba el canal y tenía bases en Panamá. La situación en Venezuela es diferente. Por no tener, Estados Unidos no dispone ni de embajada en Caracas.

Controlar una república bananera es una tarea ardua. El chavismo no ha aumentado ni un gramo la ración de pan del venezolano medio. También hay milicias y facciones enfrentadas. Por si eso fuera poco, la dictadura ha enquistado todos los recovecos de la sociedad. Parece evidente que acabar con el régimen exige presencia militar en Venezuela, no teledirigirla a distancia desde la Casa Blanca o Mar-A-Lago.

Si Trump está dispuesto a una invasión a gran escala, tendría que pedir autorización al Congreso. Tampoco hay que desdeñar la opción de que todo sea un antojo para alimentar su ego personal. Trump es un líder puramente transaccional. Ucrania y Gaza fueron el trámite administrativo para aspirar al Nobel de la Paz. Fracasó en el intento, pero la palabra fracaso no entra en la cosmovisión del mundo que tiene el presidente de Estados Unidos. Dados estos procedentes, ¿quién asegura que no se olvidará de Venezuela cuando se disponga a comprar Groenlandia?

Sin la posibilidad de presentarse a un tercer mandato, ¿se atrevería a un all in con todas sus pretensiones imperialistas para cimentar la piedra angular de su legado?

2. El barril de petróleo está a 56 dólares, es decir, en mínimos históricos. Y la industria petrolera venezolana, completamente podrida.

Tras la nacionalización de PDVSA en 1975 por el presidente Carlos Andrés Pérez, el Gobierno puso fin en 1983 a las licencias de las principales petroleras que operaban en el país. Años después, en 2007, Hugo Chávez expropió lo poco que quedaba con indemnizaciones irrisorias. Algunas de esas empresas eran estadounidenses.

Abrir el grifo del crudo para que todas las refinadoras del mundo se instalen en Venezuela les exigiría una cuantiosa inversión. Pero hay muchos yacimientos, cada día se perfora más y el auge del vehículo eléctrico también ha supuesto un revés. Todo ello y el aumento de la oferta han tirado los precios en caída libre. El petróleo no es hoy una prioridad mundial, ni un activo financiero estratégico. ¿Qué empresa se la va a jugar en un país con esa inestabilidad?

Además, Venezuela está hipotecada con China. Pekín le entregó cuantiosas sumas a cambio de futuras remesas de zumo de dinosaurio. De no ser devuelto, el pleito internacional de Xi Jinping podría alcanzar cotas astronómicas. ¿De verdad merece la pena, como dijo Trump, meterse en ese avispero sólo por el petróleo?

Cabe destacar que el crudo de Venezuela es muy denso. Por ello, necesita ser tratado con nafta, un disolvente que le proporciona Rusia a cambio de ser su principal aliado en Hispanoamérica. Si la situación escala, ¿podrían entrar en conflicto los intereses de Estados Unidos y Rusia?

Todo ello se produce mientras la Guardia Costera de los EE. UU. incauta dos petroleros en aguas del Atlántico Norte que escaparon del bloqueo venezolano. Uno de ellos es el buque Marinera, de bandera rusa. El Kremlin pide a la administración Trump que no intercepte sus embarcaciones y ruega un trato humano para los tripulantes.

3. Y la pregunta que todos se están haciendo. ¿Por qué Trump no le ha otorgado la presidencia a Edmundo González Urrutia, el legítimo presidente de Venezuela?

El chavismo ha sido descabezado, pero con Delcy Rodríguez en el poder todo parece seguir igual. ¿Ha surtido entonces efecto la operación contra Maduro? ¿O igual Trump todavía no ha enseñado su próxima carta?