Y la Gabarra surcó el Guadalquivir
Llegaban los equipos, Athletic y Mallorca, con las maletas llenas de la ilusión e incertidumbre propias de una final. Pero no venían solos. Les acompañaban los aficionados, la parroquia de inseparables, en un viaje paralelo para animar a sus ídolos y regresar a casa con la Copa del Rey en el bolsillo.